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Benjamín y la traición

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Un día un niño llamado Benjamín fue con su amiga Ignacia a una tarde de picnic que habían planificado desde hace mucho tiempo. En este paseo, Benjamín le iba a contar un secreto, el cual había guardado por mucho tiempo. Este secreto consistía en que él tenía un amigo que no era precisamente un humano sino más bien un animal que hablaba. Ignacia no entendía de lo que Benjamín le estaba hablando ya que nunca se imagino que su mejor amigo le podía haber ocultado algo así, ya que ellos habían sido amigos de toda la vida y además se contaban todo y entre ellos nunca hubo secretos.

El animal que era amigo del niño se llamaba Elvis, y nunca había tenido un amigo humano ya que nadie podía saber que él hablaba y el caso de Benjamín era especial, ya que Elvis sabia que él no diría nada pero se equivocó, y era otro más que lo decepcionaba.

Pasaron los días y Benjamín no recibía ninguna noticia ni de Elvis y mucho menos de Ignacia. No sabía qué hacer para poder recuperar a sus dos mejores amigos. Pero se dijo así mismo que si en verdad eran sus amigos lo perdonarían independiente de su error, pero también sabía que lo que les había hecho no había estado muy bien.  La mamá de Benjamín le aconsejó que tenía que pedirle perdón, pero él no le hacía caso porque sabía que si se acercaba a cualquiera de los dos más se iban a enojar. Por un lado los quería recuperar pero por el otro él piensa que estarían mucho mejor sin él. Estaba demasiado confundido, sin embargo sabia que le harían mucho mejor sus amigos a quedarse solo. Un día empezó a recordar todos los momentos que habían pasado juntos y fue ahí cuando supero a su orgullo y se decidió a ir donde Ignacia para pedirle perdón, pero cuando llego a su casa ella no se encontraba ahí, entonces fue cuando cambio su rumbo y fue a visitar a Elvis y tampoco estaba. Se tuvo que devolver para su casa, ya que sabía que los dos no iban a llegar ya que no lo querían ver. Pero cuando llego a su casa se dio cuenta de que sus amigos de toda la vida lo estaban esperando en la entrada de su casa y los tres se pidieron perdón los tres pero cuando era el turno de Elvis solo Benjamín le entendió ya que era el único que podía escucharlo, y los ambos empezaron a reírse.

Finalmente Benjamín les prometió que nunca más les iba a mentir, entonces los tres se abrazaron. La mama de Benjamín se puso a llorar porque nunca se imagino que su hijo tuviera tan buenos amigos.        

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